Ejercicio encuentro – regalo

El ejercicio que dio Carmen. En resumida fue según lo que comprendí… Caminar por la calle, encontrarme un objeto, el cual se interviene y se vuelve a dejar en un espacio público como un regalo para que alguien más se lo encuentre.

Mi ejercicio – acción:

Caminar teniendo presente el encuentro con un algún objeto para realizar este ejercicio. Después de una semana no me había encontrado con ningún objeto… Me doy cuenta, que espero encontrarme con un objeto similar a los libros que encontró Carmen, un objeto hecho por la mano humano… Al concientizar lo que esperaba encontrar, amplio los horizontes y justo en ese momento me encuentro con una hoja de un árbol. Esta hoja me hizo detenerme por un momento observando su color amarillo otoñal, en ese momento me pregunte si este podría ser mi objeto. Decidí que sí. Esta hoja me llevo a recoger otras dos hojas más. Con estas 3 hojas caídas del otoño, realice el ejercicio.
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Mi primera intención e imagen era la de bordar estas hojas para intervenirlas, escribir bordando algo en ellas… luego deje que viniese otras asociaciones e imágenes. Recordé la obra de Gabriel Orozco de la caja de zapato vacía colocada en medio de la sala de un museo. Un recipiente vació para ser llenado por la mirada del otrx. También me vino la imagen de cuencos – recipientes hechos de papel con fibras orgánicas de Marie Sol Payro. Quería hacer hojas recipientes, como vasijas. Borde sus orillas para así hacer una especie de vasijas.

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Luego fue pensar en qué lugar dejarlas, para que sea encontradas por otra personas como un regalo. El traslado de estas hojas de un lugar a otro me pareció interesante, colocarlas en un lugar fuera de su contexto de origen, en un lugar donde no hubiese naturaleza, pensé en el metro, en calles del centro. El “problema” era la falta de tiempo para poder realizar esta otra parte.. Después de una semana logre llevarlas para dejar en algún lugar del centro de Santiago. Claro ya las hojas comenzaban a marchitarse… Y las vasijas ya no era tan vasijas… Comenzaban a cerrase como capullos.

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Me fue difícil escoger un lugar donde dejarlas y que no pasarán como basura… Temo que su destino no haya sido el que otra persona las tomo y se las llevo a su casa como un regalo. Solté este temor y decidí dejarlas en el baño de mujeres de un restaurante ubicado en pleno centro de Santiago…

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